Rony Fischer mojaba bragas con sólo quitarse la camiseta. Tenía un torso como los dioses y unos pectorales que te cagabas de envidia. Las chicas del gimnasio pasaban horas mirándole el culo cuando él se ejercitaba. Y, de vez en cuando se tiraba a una de esas chicas en los baños. Entonces venía corriendo a casa a contármelo:
— ¿Josh, no sabes a quien me tiré?
—No me jodas, Rony.
—En serio: ¿no te lo imaginas?
—Me importa tres cojones a quien te cogiste.
—A mi instructora del gimnasio.
— ¿La del piercing en el ombligo?
—La del piercing en el ombligo.
— ¡Hijo de mil putas!
—Esto hay que celebrarlo, tío.
—OK.
Subí a la camioneta Mercedes Benz de Rony. Un regalo que le había hecho su madre por su cumpleaños número 29. Nada más entrar a la discoteca sonaba un clásico de Modjo y dos morenazas nos interceptaron con la mirada.
— ¿Viste como nos comieron con los ojos esas negras? —Dijo Rony.
—Sólo vi tristeza y desesperación.
—Ideas tuyas, Josh.
— ¿Qué vamos a tomar?
—Cualquier cosa.
Rony volvió a los 5 minutos con un vaso de cerveza para mí y un vodka para él. Así era Rony, el chico que no tomaba cerveza porque engordaba.
— ¿Hace cuánto que no te tiras a una buena hembra? —Dijo Rony.
— ¿Incluyendo a tu madre?
—No te hagas el payaso. Estoy hablando en serio.
—No lo sé, Rony.
— ¿1 año?
—Mas u menos. Sólo estoy esperando a la chica correcta.
—Jajaja!
—Ésta es Gilda y ésta otra Virginia.
— ¡Hola señoritas!
—Hola —Dijeron las dos.
—Bueno, hazle compañía a Gilda, dijo rony eligiéndose la más guapa para él.
Se fueron a bailar a la pista.
— ¿A qué te dedicás? —Preguntó Gilda.
—Soy guardaespaldas. —Dije.
—No pareces guardaespaldas.
—Te puedo romper el tabique nasal con este vaso de cerveza.
—Me voy... eres súper-rarito.
Estaba en eso cuando entraron una pareja de chicas. Una de ellas parecía bastante mayor la otra probablemente seria su hija, se fueron directo a la barra a esperar a que alguien fuese a invitarlas a bailar o, con un poco de suerte, intercambiar fluidos corporales.
Terminé mi vaso de cerveza y salió Rony de los baños con las chicas sudando. Se despidió de ellas y vino a sentarse.
—Cristo, esas chicas venían de la playa, man.
— ¿Por qué lo dices?
—Tenían arena en la vagina.
—Oh mierda.
—Tuve que maniobrar, pero al final me las follé a las dos.
—Si algún día viajo al pasado voy impedir tu nacimiento, hijo de puta.
Rony rió.
—Mira allá hay dos pececitos —Dijo él.
—Parecen madre e hija.
—Lo mismo pensé, para ti la viejita y para mí la hija.
— ¿Por qué siempre me toca lo peor?
Otra vez se levantó y se dirigió a los pececitos. Le susurró algo a la madre y luego algo a la hija. Rony me señaló con el dedo e inmediatamente sacó a bailar a la hija.
La mujer mayor se acercó:
— ¿Cuántos años tienes, guapo? —Dijo.
— ¿Podría ser tu hijo, sabes?
Ella se volteó y volvió a la barra a sentarse.
Rony se fue al baño con la chica y quince minutos después salió airoso. Andaba un poco tambaleándose.
—Mierda, van tres polvos.
— ¡Espero que te alcance la próstata a los 30, infeliz!
—Jajaja!
Rony se fue a la barra a por más bebidas. Pero había mucha gente allí esperando sus pedidos. El barman era una mierda. Siempre atendía a las chicas primero, aunque estuvieses media hora allí.
Perdí de vista a Rony. Seguramente se estaría tirando a alguna adolescente en los baños. Es de los que se folla todo lo que se mueve. Saqué un cigarrillo y lo encendí. A veces la mejor manera de quemar el tiempo es echándote un pitillo.
Perdí de vista a Rony. Seguramente se estaría tirando a alguna adolescente en los baños. Es de los que se folla todo lo que se mueve. Saqué un cigarrillo y lo encendí. A veces la mejor manera de quemar el tiempo es echándote un pitillo.
Luego vino una morena. Una de las que nos había visto entrar al local. Creo que era Gilda o Virginia. Lo había olvidado.
— ¿Eres el amigo raro de Rony, verdad? —Preguntó.
—Sí, qué pasa.
—Afuera le están dando una golpiza.
Salí y allí estaba mi muchacho recibiendo unos buenos ganchos de derecha en el estómago de un afroamericano.
Me acerqué a él y le hice una llave en los brazos para inmovilizarle.
— ¿De acuerdo qué coño pasa? —Pregunté.
—No te metas en lo que no te importa.
—No sabía que la morena era su novia. —Gritó rony.
—Bueno, le dije al afro, le has reventado el culo y él aprendió la lección. Larguémonos de aquí antes de que salgan los guardias.
Lenny Kravitz entró en razón y se marchó con su novia. Ayudé a levantarse a Rony, tenía la cara machacada a golpes. Llegamos al parqueo y subimos a la camioneta, me pasó las llaves y lo llevé a casa.
Lenny Kravitz entró en razón y se marchó con su novia. Ayudé a levantarse a Rony, tenía la cara machacada a golpes. Llegamos al parqueo y subimos a la camioneta, me pasó las llaves y lo llevé a casa.
Al llegar su madre nos abrió el portón enorme para meter la camioneta.
— ¿Qué le han hecho a mi hijo?
—Nada del otro mundo.
—Llevémoslo a su cuarto.
Subimos al segundo piso y recosté el cuerpo de Rony en su cama, era un gran bloque de carne el muy mierda. Casi al instante se durmió.
Luego salí y su madre estaba esperándome en la sala.
—Dime la verdad: ¿qué paso?
—Se tiró a la chica incorrecta.
—No sé cuando va a aprender. Le gusta meterse en líos, cree que nadie le va a pegar.
—Sí, pero es un buen tipo en el fondo.
—Gracias Josh por traerlo.
—Es lo que cualquier padrastro haría.
—Tú no eres su padrastro.
—Todavía no.
—Lo nuestro sólo fue un lío de una sola noche.
— ¿Y que tal un lío de dos noches?
—Bueno, pero tendrás que ganártela.
Ella puso una película romántica y nos abrazamos en el sofá mientras afuera amanecía.









1 Comentarios:
jajajaja Resultó su padrastro! que buena historia!!
Me encantó!
Besos!
Diana
Publicar un comentario en la entrada