Me di cuenta muy tarde.
Cuando empezó a dolerme el testículo izquierdo. Era un dolor agudo y punzante.
Ella estaba gritando encima de mí. Ninfomanía en su más pura esencia.
Al principio todo parecía excitante, luego en el tercer o cuarto polvo me parecía repetitivo pero todavía me parecía excitante y hacia el séptimo todo comenzó a apestar a mierda. Ahora era el octavo o noveno polvo en menos de 12 horas. La nena me estaba asesinando lentamente.
Simplemente la tomé con mis manos y me la quité de encima lanzandola a la cama. Ella gruñó como lo hacen los perros antes de atacar. "Grrrrrrrr" "Grrrrrrrrrr" yo no sabía si llorar o reir de la angustia y alivio porque aquella cosa había parado al fin.
Decidí ir al baño. Levanté el retrete y empecé a mear; pero conforme iba apuntando al inodoro no lograba controlar la micción. Salían dos chorros desde mi glande. Como chiguetes. Aquello era demasiado.
Cuando acabé me lavé las manos y la cara. Sobre todo la cara. Buscaba de alguna forma cambiar de rostro. Comenzar de cero. No tuve valor para mirarme al espejo.
Luego entró ella. Muy sigilosa. Yo estaba pensando en bañarme para quitarme el karma pero ella rápidamente me sujetó de los testículos y se los llevó a la boca. Apenas pude dar un gemido afeminado. Creo que le acaricié un poco el pelo y le dije: "Querida, me duelen los huevos" y claro, ella enarcó las cejas y soltó algo como: "Pero tú eres marica, no?".
Fue como hablar con la pared, amigo. Osea que las últimas doce horas de sexo se han borrado de su memoria. Le dije que iba a ir por unas toallas especiales para el sudor. Así que bajé al lobby del hotel. Allí estaba el recepcionista. Un tal Kenzo. Parecía un buen chico.
—Buenas noches, Señor K. —Dijo Kenzo.
—Amigo.
—Le he visto entrar con una morena ésta mañana, ¿Cómo se lo monta?
—Qué te puedo decir es una caja de sorpresas.
Salí del hotel cojeando de una pierna. Crucé la avenida y tomé el primer taxi que apareció. Eran las diez de la noche en Tokyo. Subí.
— ¿Adonde vamos? —Preguntó el taxista.
— A la Iglesia. Acabo de follar con el Diablo.
El taxista me lanzó una mirada muy triste por el retrovisor y luego arrancó.
AUTOAYUDA
-
*
*
Sólo leí un libro de autoayuda en mi vida "tus zonas erróneas", ¿alguien se
acuerda?, horripilante libro maniqueo de superhéroes cursilones y
esquizoi...
Hace 1 hora.









0 Comentarios:
Publicar un comentario en la entrada