Vivía desde hace 10 años con
su madre, una mujer alcohólica y exdrogadicta. El departamento que alquilaban
se estaba cayendo a pedazos, apenas tenían para comer arroz con atún enlatado. Lucía
decidió que tenía que hacerse con ese trabajo sí o sí. Así que se dirigió
frente a la hamburguesería y entró con la frente en alto. Lo único que vio allí
dentro era un tío barriendo el piso tarareando un viejo tema de
"Kiss".
—Buenas tardes ¿Me puedes
decir donde encuentro al Licenciado Riveola?
—Está en los baños —Dijo el
barrendero señalando el fondo del pasillo.
Lu siguió sigilosa la señal
y se precipitó hacia los baños, desesperada. Llegó y entró de un tirón:
Allí habían dos tipos
enculando a una mujer mulata, uno de ellos la penetraba desde abajo y el otro
intentaba lubricar la punta de su polla con saliva para metérsela por el culo. Lucía salió
de los baños como una exhalación.
— ¿Quien anda allí?
—preguntó uno de ellos.
Lucía titubeó en responder. Luego
decidió mantener conversación desde fuera.
—Me llamo Lucía Cabrera,
vengo por lo del anuncio...
—Llegas tarde, nena, estamos
terminando de firmar el contrato con la nueva secretaria.
— ¡Ok, gracias!
Así que salió de allí
lentamente.
Es lo que pasa en la vida
misma. A veces vas por allí con todas las de ganar y en el momento inesperado
!Zas! en toda la boca.
Yo estaba allí sentado en el
viejo sillón de la casa, bebiendo un paquete de seis cervezas que le llevé a la
madre de Lucía, una mujer encantadora en realidad. Cuando Lucía llegó me miró
mal.
— ¿Qué haces aquí?
—Tranquila, honey, vengo en
son de paz —Dije.
— ¡Mamá ve a tu cuarto!
—Pero hija, sólo estamos
compartiendo unas cervezas.
Lucía le lanzó una mirada de
soslayo a su madre. Ésta al instante obedeció. Era una chica de buenos
principios. No merecía pasar por todas estas cosas. Cuando la pobre mujer se
fue con las 5 latas restantes, supe que había hecho algo malo.
— ¿Por qué mierda le
trajiste cerveza?
—No entiendo.
—Me ha costado 6 meses
internarla a rehabilitación, y vienes con tu paquete de cervecitas de mierda.
—no creo que seis latas puedan
ser un problema.
— ¡No la conoces!
Entonces salió su madre. Traía
una de las tetas fuera de la blusa. La teta era deforme y el pezón parecía un
sello postal. Estaba bailando sin música.
— ¿Donde está la fiesta?
—preguntó.
—Mira, mírale como se pone…
—Cristo —Dije. Se parece a Whitney Huston drogada.
Lucía frunció el ceño y se fue a la cocina.
Le
seguí.
—De verdad que lo lamento.
—Quiero que te vayas ahora, Trevor.
Me acerqué por atrás y le abracé.
Tenía un cuerpo suave y cálido y sensual. La hambruna y la pobreza le habían
dado un cuerpo como las diosas.
Luego sentí un rodillazo en la entrepierna.
— ¡He dicho que afuera! —Ordenó.
Salí gateando de allí.
Subí a mi viejo Suzuki.
Costaba un poco arrancarlo, así que estuve allí como 5 minutos haciendo
contacto con la llave, cuando por fin encendió, salí disparando por la doble
vía al sur de Western. Me dirigí a un Mcdonald's que quedaba al paso, frente a
un puticlub. Entré.









3 Comentarios:
Esta genial tio, menos las tetas de la madre borracha. no se si te lo he preguntado ya alguna vez pero ¿de donde sacas las fotos? son geniales.
Un saludo
Creo haberte respondido en el post "Rupturas". Gracias por comentar!
Saludos efusivos!
Joder tio, estoy en la puta parra... Pues lo dicho tio, me gustan mucho, profesionalmente trasteo con la fotografia y te digo que las que salen en tu blog están de puta madre
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