rss
email
twitter
facebook

Entrevista en Radio

No estoy acostumbrado a que me entrevisten. Eso de hacer preguntas, me cae mal. Hay personas que tienen el don de hacer preguntas estúpidas. No obstante cuando me llamaron para una entrevista por un relato que mandé a la radio “MutaPadre” de la ciudad capital, tuve la aguda sensación de que seria un placer parecido al de eyacular, responder preguntas convencionales sobre mi obra.

Llegamos al estudio, dije “llegamos” porque fui acompañado por un encargado de invitados que me indicó la hora y lugar de la entrevista desde el hotel Victoria donde me alojaba. 


— ¡Tenemos un invitado especial! ¡Con ustedes, el escritor Kusuhara! –Dijo la locutora. Una mujer de 43 con espíritu de 18 y unas tetazas y unas piernas largas embutidas en un Blue Jeans. Parece ser muy alta. 

—Buenos días, Señor Kusuhara, ¿Cómo estamos hoy? –Añadió la de las tetazas.
— ¡Bien muy bien! —respondí. En realidad estaba mal y con la cara molida a tragos, una noche antes había mezclado whisky con vodka y cerveza y agua con gas. Mala idea.
— ¿Cuantos años te dedicas a la literatura? —Preguntó la locutora.
—35 asquerosos años.
— ¿Y cuantos años tienes?
—29 primaveras.
—No puedes afirmar dedicarte 35 años a alguna actividad, cuando solo tienes 29 años. –me dijo casi a punto de estallar de la risa.

—Que te den por el culo, amiga. —pensé

Le miré. Estudié su cara detenidamente. No la conocía y le empecé a odiar. ¿Pero qué se ha creído para poner en tela de juicio mi masterado de letras? Ella ignoraba completamente que yo había sido primo-lejano de Maximo Gorky en la otra vida. La entrevista había sido un fracaso desde la entrada. Estaba hasta los huevos de lidiar con estos Homosapiens.

—Bien, prosigamos… –dijo. ¿Qué ha sido lo más increíble que te ha pasado en la vida? Sé honesto, por favor.

—No me lo vas a creer pero cuando estaba en la escuela había otro niño más grande y todos le tenían miedo. El que se le cruzara en el camino era ganador de un par de patadas. Así que un día le miré feo porque él acababa de pegarle a uno de mis amigos. Vino hacia mí y me empezó a pegar, yo no podía defenderme, estaba cagado de miedo. Desde ese día me pegaba casi todos los días tras verme, había pensado en salirme de la escuela, en no ir más, pero mis padres no me creían lo de las golpizas. Una mañana me llené de valor, me enfundé unas botas y fui a por él, me fui con todo mi armamento, pero aún así me pegó, y siempre me pegaba en la salida. ¿Acaso no es increíble? ¿Donde mierda está el Karma?

—Realmente increíble…tengo información, de que usted ha escrito la novela “No me toques los huevos, tío Sam”. Explíquenos, oh maestro, cómo es la temática de esta obra.
—Bueno, qué te puedo decir, la novela trata sobre un tío que empieza a defecar cloruro de sodio, y si no me equivoco el cloruro de sodio equivale a la sal de mesa. Al ver que contaba con una cantidad ilimitada de sal, decide montarse una empresa con el producto. Tiene dificultades al principio pero al final se logra cumplir su sueño, materializar sus metas tú sabes nena lo que quiero decir.

—No me diga “nena” —susurró —, Ahora cuénteme, ¿Cómo y cuando es que decidió escribir una novela?
—Bueno, habían días en que me hartaba mirar pornografía por Internet, aquello de ver tanta violencia en el mundo, era deprimente. Yo, en un escape de la realidad, quise plasmar una historia. Fue allí, por iluminación divina, o talvez porque llegué al nirvana que empecé de forma voraz a escribir la novela. Doy gracias a Dios que soy socialista y por inventar las patatas fritas, ya sé que eso no viene al caso, pero quería que les quede muy claro.

—Bueno, eso ha sido todo por hoy, gracias por venir Señor Kusuhara. Esperamos tenerlo pronto promocionando algún otro libro, o, a lo mejor la continuación de esta insólita y fabulosa novela. —Lo dijo en tono sarcástico. Las personas que trabajan en los medios de comunicación siempre mienten, les resulta fácil. Saben como suena la verdad.

— ¿Algunas palabras para despedirse, Sr. Kusuhara?

—Quiero dar las gracias a todos los lectores del blog, por ayudarme a publicar mis escritos. Gracias. Y a ti nena, te invito a cenar esta noche ceviche, aderezado de una cosecha de vinos del 72º.

Ella pensó un momento mi propuesta:

—Esta bien, acepto, ¿A qué hora?
 —Te llamaré.

Y me largué de allí sin pedirle el número de teléfono, le quité el cigarrillo a un anciano que estaba en el estudio y apresurado, bajé las gradas.
Lo único que quería era volver a mi ciudad. Lo único que quería era volver a ver a Jenny.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...